Siempre he admirado a los genios. Leonardo, Picasso, Picabia, Breton, Dalí y Janis Joplin. Me parece que han llevado unas vidas excitantes en el tiempo que han tenido para ello. Era gente con pelotas. Mi vida es de lo más normal. Buscar un trabajo. Ganar un poco de dinero. Gastármelo en lo que más me gusta: mujeres y alcohol. Dejar un trabajo. Nunca he tenido amigos de verdad por eso siempre he ido ligero de equipaje. Bueno, una vez tuve un amigo desconocido. Le llamaba “el rubio”. Era mudo. Siempre iba conmigo. Todo le parecía bien. Mis obras eran geniales. Nunca me las criticó. Ni para bien ni para mal. Era el único que escuchaba mis historias. Cuando me iba con una mujer desaparecía. Cuando terminaba aparecía. Siempre estaba ahí. Pasaron muchos años y nunca supe su historia. Pero siempre estaba allí. Nos emborrachábamos juntos. Robábamos comida y salíamos corriendo. Era muy bueno en las peleas. Muy frío. Hubiera sido un buen boxeador. Un día fue “el rubio” el que se largó con una mujer y yo desaparecí. Pasaron los años y nunca supe más de “el rubio”. Una mañana al pasar por delante de una librería encontré un ejemplar con su fotografía. Entré y le eché un vistazo al libro. Allí estaban todas las historias que le fui contando durante años. Con exactitud, con todo lujo de detalles y todo ello muy bien editado. “El rubio” siempre fue un genio. Busqué un trabajo y no he vuelto a tener amigos.
lunes, 1 de diciembre de 2008
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2 comentarios:
Ay, hermano de placeres. Que bendición etílica haber encontrado tu espacio.
Estabas en lo cierto respecto a las fotos por las que me preguntabas en mi blog.
Un abrazo, amigo. A partir de ahora no dejaré de visitarte.
El texto... ya sabes. Magistral!!!!
que pasó, repetida :D
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