Me gusta el mar. Nací en el centro pero me gusta el mar. Tal vez, porque siempre nos gusta lo que no tenemos. Pasa lo mismo que con el amor. Estábamos en la playa después de haber bebido. Ahora los tripis les estaban haciendo efecto. Se los comían dragones, les atacaban estrellas de mar gigantes y no sé que ostias más. A mí los tripis no me afectan mucho. A lo mejor es porque mi tolerancia al alcohol inhibe el efecto de las drogas. Me habían invitado a la fiesta porque consideraban que un viejo famosillo hacía subir el caché del evento. El caso es que allí estaba yo con mi antiguo sueño. Siempre me gustó atrapar sirenas. Desde pequeño me hice la promesa de pescar una. En realidad no tengo claro por qué me fascinan pero es así. Me quedo muy quieto en la orilla. Tumbado. Los mejores amaneceres son aquellos en los que el mar está en calma. Al no haber olas salen poquito a poco (sólo asoman el flequillo) y miran a la arena (nosotros miramos al mar y ellas miran a la arena). Si te quedas inmóvil más de tres minutos se creen que no hay nadie. Ya había localizado a cinco. Luego se suelen acercar hasta que les queda el torso al descubierto y la cola dentro del agua. En ese momento te tienes que ir arrastrando y meterte poco a poco en el mar. Una vez dentro no puedes dar brazadas. Tienes que ir andando por el fondo hasta llegar a su altura. No las mires. Hazte el distraído. Rodéalas. Luego te acercas por detrás y ¡zas! ya las puedes enganchar. Mi problema es que cuando las tengo no sé que hacer con ellas. Me pasa lo mismo que con el amor. De todas maneras estos gilipollas me las han espantado con sus grititos huyendo de los dragones y de las estrellitas gigantes.
1 comentario:
A mí también me gusta el mar. Disfruto de recostarme en la arena para beber cerveza al mediodía. Jamás he visto una sirena, pero sí, mujeres de piel salada y escamosa jejeje…
¡Salud Hank!
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