La cosa se estaba poniendo mal. Estábamos en tiempos de crisis. Al final me iba a tener que poner a trabajar. Hasta ahora sólo había trabajado por dos motivos: porque no tenía dinero para bebida y por mujeres. El anuncio era pequeño y venía en las últimas páginas del dominical. Cayó en mis manos por casualidad y decidí presentarme el lunes. Al principio pensé que se trataba de una broma o de un programa de cámara oculta. Nos presentamos tres personas. El tío era de lo más siniestro. Muy feo. Tan feo que asustaba. Nos dijo que la tarea era sencilla. Efectivamente era muy fácil. Uno de los candidatos dijo que se mareaba al ver sangre. Fue el primero en salir del despacho. Ya sólo quedábamos dos. Lo siguiente que nos comentó fue la tarifa. Era un precio muy elevado. Eso significaba muchísimo tiempo bebiendo y que las mujeres me mirarían de otra manera. El otro chico parecía el típico niñato con pasta y con mucho tiempo libre (un hijo de papá). No le pareció lo suficientemente interesante. El encargo era mío. Alguna vez tenía que ser la primera. No era por motivos políticos ni nada de eso. Simplemente había que eliminarlo. Yo estaba acostumbrado a luchar y la sangre no me asustaba. El objetivo no tenía familia y, por lo que parecía, tenía más enemigos que amigos. Yo podía elegir los medios. Dije que lo pensaría cuando llegara el momento. Nunca imaginé que la separación entre la vida y la muerte fuera cosa de un instante. Ahora soy un profesional. Un buen profesional. Lo malo es que nunca me ha gustado trabajar en exceso. Aquí sigo con una morena, una rubia y una cerveza. Es lo que hago desde hace unos años.
domingo, 22 de febrero de 2009
POR UN TRABAJO DIGNO
Publicado por
Hank
en
1:01
Etiquetas: bragas, bukowski, charles bukowski, chicas jovenes, chinaski, factotum, hank, masturbarse, peleando a la contra, pezones, sexo, tanga, voyeur
jueves, 5 de febrero de 2009
CAZANDO SIRENITAS
Me gusta el mar. Nací en el centro pero me gusta el mar. Tal vez, porque siempre nos gusta lo que no tenemos. Pasa lo mismo que con el amor. Estábamos en la playa después de haber bebido. Ahora los tripis les estaban haciendo efecto. Se los comían dragones, les atacaban estrellas de mar gigantes y no sé que ostias más. A mí los tripis no me afectan mucho. A lo mejor es porque mi tolerancia al alcohol inhibe el efecto de las drogas. Me habían invitado a la fiesta porque consideraban que un viejo famosillo hacía subir el caché del evento. El caso es que allí estaba yo con mi antiguo sueño. Siempre me gustó atrapar sirenas. Desde pequeño me hice la promesa de pescar una. En realidad no tengo claro por qué me fascinan pero es así. Me quedo muy quieto en la orilla. Tumbado. Los mejores amaneceres son aquellos en los que el mar está en calma. Al no haber olas salen poquito a poco (sólo asoman el flequillo) y miran a la arena (nosotros miramos al mar y ellas miran a la arena). Si te quedas inmóvil más de tres minutos se creen que no hay nadie. Ya había localizado a cinco. Luego se suelen acercar hasta que les queda el torso al descubierto y la cola dentro del agua. En ese momento te tienes que ir arrastrando y meterte poco a poco en el mar. Una vez dentro no puedes dar brazadas. Tienes que ir andando por el fondo hasta llegar a su altura. No las mires. Hazte el distraído. Rodéalas. Luego te acercas por detrás y ¡zas! ya las puedes enganchar. Mi problema es que cuando las tengo no sé que hacer con ellas. Me pasa lo mismo que con el amor. De todas maneras estos gilipollas me las han espantado con sus grititos huyendo de los dragones y de las estrellitas gigantes.