lunes, 5 de abril de 2010

CAMBIO DE TRAYECTO

http://jabukowski.blogspot.com/ Hola a todas /os. Después del accidente y de la neumonía os mando el enlace de mi nuevo blog. Estoy bien. He salido reforzado. Por fin me he decidido a enlazar mis historias y darles un poco de forma. Serán relatos un poco más extensos pero sin perder su sabor. Ese sabor salado que tanto nos gusta. Ese sabor a... Es el mismo viaje pero con distintas paradas. Os espero. Ver vuestros comentarios son píldoras para mí. Píldoras de aliento. Agradeceros la paciencia e invitaros a mi tren. Salud!!!

miércoles, 15 de julio de 2009

NO QUIERO TRABAJAR DE NUEVE A CINCO

PEIO H. RIAÑO - MADRID - 15/07/2009 08:00

Estaba dispuesto a desaparecer, pero no le dejan. Quince años después de su fallecimiento los archivos infinitos del prolífico escritor norteamericano Charles Bukowski no quieren callar. La duda sobre el suministro de los inéditos que deja caer gota a gota su última mujer y heredera del negociado Chinaski, Linda Lee, no hace más que crecer con la aparición de un nuevo volumen póstumo. Y van cinco desde que el maestro de lo ingrato muriese de leucemia en 1994. Con el extenso poemario La gente parece flores al fin, que lanza esta semana Visor en las librerías españolas, sus últimos poemas sin publicar, llegamos al episodio en retirada del padre de lo que terminaría siendo la realidad más sucia de la literatura.

John Martin, el editor al que Bukowski le fue fiel hasta la muerte por haberle ofrecido a los 45 años de edad dejar su trabajo en el departamento de correos gracias a un sueldo mensual como escritor, es el encargado de husmear entre sus archivos. Martin ha sabido administrar el eco de la voz del escritor para que no se acabe nunca. Los poemas todavía resuenan. Buenos tiempos estos para que vuelva el gran tentador del fracaso.

Es despiadado en la concreción, imperdonable con su pasado

La gente parece flores al fin está compuesto por más de 130 poemas, a los que uno llega con la curiosidad de ver si en sus últimos días fue capaz de mantener la leyenda del gruñón amante de los hipódromos, el boxeo y las borracheras. Si la obsesión por las mujeres puede mantenerle todavía en pie a los 60 y 70 años de edad, si sigue odiando con tanta templanza y tanto pasotismo. Una vez leídos, deja claro que el hígado por el que Bukowski pasaba las cintas de su máquina de escribir Underwood, y untarlas de bilis, está a pleno rendimiento.

Un poco de algodón para hacer la prueba: "Buena suerte, viejo amigo/ no resulta fácil,/ estamos pegados a nuestros cojones, y no hay más,/ estamos cautivos de nuestros cojones,/ y yo debería refrenarme un poco/ cuando se trata de mujeres", escribe en el poema Le miro los cojones al gato. Este fragmento basta para ver la resignación con la que Bukowski empaña sus últimas palabras. Podría entenderse este libro como un testamento literario, en el que incluso llega a aceptar que "el whisky acelera el corazón, pero desde luego no ayuda a la mente".

Testamento sin rima

Con 60 años sigue siendo un solitario que no soporta ni el recuerdo

Sin embargo, sus últimas palabras no son su testamento. Ese lo hizo desde su primer escrito. En novela, cuento o poema, siempre vivió la página como una última oportunidad, como el "último minuto" al que se refiere una y otra vez en estas últimas páginas. "Hay que morir unas cuantas veces antes de poder/ vivir de verdad", suelta más aforístico que nunca, en este expolio final de su archivo. A pesar de repetir los mismos fantasmas que siempre lo acecharon "Las mujeres muertas, los amores intoxicados, los borrachos en su agonía", como apunta su traductor Eduardo Iriarte, en La gente parece flores al fin es consciente, más que nunca, de que le queda el descuento.

El probable último poemario es el testimonio del odio sostenido que mantuvo con vida a Bukowski hasta el último suspiro. Odio sobre todo a la monotonía, arma letal. Odio también a sus vecinos. Alguien que destripa al "hombre que corta el césped ahí enfrente", teme convertirse en lo que más odia: un ser interesado en el béisbol, las películas del oeste y las hojas de la hierba. "¿Eso es todo lo que ves, esas hojas de hierba? ¿Eso es todo lo que oyes, el zumbido del cortacésped?", le pregunta lleno de sarcasmo. Alguien que escribe una loa a un contestador automático es un huraño que no quiere malgastar su tiempo con tonterías, ni con molestias. A los 60 años sigue siendo un solitario empedernido que no soporta ni el recuerdo de las mujeres por las que pasó.

Bukowski no se acaba nunca

«El whisky acelera el corazón / pero desde luego no ayuda a / la mente»

La gente parece flores al fin también desvela que mantuvo un ritmo frenético de escritura hasta el último momento. Apunta que corrige y destruye una y otra vez, incluso, llega a sentirse amenazado por la falta de creatividad cuando a los sesenta y tantos escribe que por primera vez se ha "quedado en blanco". Hay cosas que a ciertas edades uno podría permitirse, como fallar. O hasta arrepentirse, y seguir el ejemplo de Bukowski: "El whisky acelera el corazón/ pero desde luego no ayuda a/ la mente", debería estar borracho para renegar de esta manera del alcohol, impensable en sus primeros libros.

En estos poemas es divertido y triste, mordaz y resignado, es capaz de mantener la leyenda hasta el final. "Es uno de los autores que mejor ha envejecido y mejor va a envejecer", afirma Diego Moreno, editor de Nórdica, quien publicó hace unos meses por primera vez en España Secuelas de una larguísima nota de rechazo, el primer escrito que Bukowski publicó en 1944. "Es un autor que nunca desaparece. Su estilo es tan potente que no pasará jamás. Su estilo está por encima de lo que cuenta, por mucho que les pese a quien han tratado de dilapidarle por los temas que trata", vuelve a la carga Moreno.

"Cualquier momento es bueno para leerle. Pero es cierto que él contó una Norteamérica en plena crisis y hoy hay muchos paralelismos con aquella época. Es un buen momento para recuperarle o para conocerle", dice Vicente Muñoz, encargado de la compilación Resaca (Caballo de Troya), en la que 37 autores españoles actuales homenajearon al autor de Factotum.

Para Muñoz, donde se escucha la verdadera voz de Bukowski es en sus poemas. En ella hay gravedad, "sabiduría de mujeriego y dipsomaniaco". Muchos han visto en sus novelas una mascarada cómica de los asuntos que traía encima y algunos han llegado a escribir sobre él que fue "un mediocre escritor que se puso de moda en nuestro país hace unos cuantos años por su alcohólico y desgreñado pasotismo". Lo cierto es que su gran victoria no fue la resistencia de su escritura, sino haberse librado de un trabajo de nueve a cinco.

Para el poeta Pablo García Casado, el elemento que le gustaría destacar de Bukowski es el ahorro de elementos y detalles superfluos en sus trabajos. "Él es ante todo un realista, no sólo un realista sucio. Viene del realismo norteamericano más clásico. Aunque rompe con la temática, no lo hace con el tratamiento", explica. Sin romper el tiempo, sin fragmentar, sin acercarse a la vanguardia, Bukowski, en una poesía absolutamente narrativa, se asoma a la ventana y encuentra lo único que necesita: su calle, la vida.

Tiene razón García Casado, Chinaski es despiadado en la concreción, imperdonable con su pasado y certero con lo que se le viene encima: "Sólo hay una manera de vivir/ y es solo, / y sólo una manera de morir, y es esa misma".

Tomado de Público.es

http://www.publico.es/culturas/letras/238770/bukowski/quiere/mo/rir

martes, 30 de junio de 2009

LA VUELTA AL MUNDO

Ya era hora. Por fin se acabó el crucero. Después de tres meses tenía ganas de pisar tierra firme y tomarme una cerveza fresca en un bar del puerto. Ya lo dice el refrán: la cabra tira al monte. A mí, eso de estar encerrado en un barco durante tanto tiempo no es que me apasione pero si no hay trabajo hay que aceptar cualquier cosa. Así he pasado mis noventa días de condena. Me dieron un trabajo en la lavandería de un barco y al principio no me pareció mal. Me hacía gracia tanto lujo y tanta gente rica junta. Mi venganza contra el sistema consistía en masturbarme y mezclar el semen con el suavizante. Nunca he sido muy original en mis batallas. Por las noches me juntaba con una argentina que trabajaba de camarera de piso. Era escritora. De las de verdad. Dice que el escribir no da para comer. Yo digo que si comes mucho no escribes bien. El último mes lo pasamos follando como leones. Supongo que sería por el aburrimiento. He tenido mucho tiempo para pensar. No tenía nadie con quien discutir. Desde pequeño siempre quise más. Mucho más. Quería más dinero, un buen trabajo, tener mucha gente a mi alrededor, más amor, más sexo, más cervezas, más mujeres, más jovencitas, más maduritas… Al sentarme en el taburete del bar me di cuenta de que siempre que quieres más al final todos conseguimos lo mismo: NADA. Nunca llevéis la ropa a la tintorería.

jueves, 21 de mayo de 2009

ECHAR UNO RÁPIDO ...

No tenía tiempo para mucho más. No había sitio para la ternura, ni para los arrumacos y mucho menos para el amor. Los dos estábamos de acuerdo. Teníamos que hacerlo deprisa. Me gusta no complicarme la vida. Me la complico pero nunca es por mi culpa. Le subí la falda, me bajé los pantalones y comenzamos la faena. Todo terminó en unos minutos. Fue maravilloso. Reinó la sinceridad. Ninguno de los esperábamos nada del otro. Sólo buscábamos el placer mezclado con la velocidad. Nada de adornos. En realidad es lo que todo el mundo piensa y nadie se atreve a decir. Así hemos estado los últimos meses. Cómo os contaba, al final, todo se complica. Poquito a poco se fue enamorando. Está claro que no se enamoró de mí. Era la situación. El placer prohibido. El misterio. La enajenación mental transitoria y todas esas cosas. El caso es que todo terminó una mañana que nos pilló su marido echando uno rapidito. Esa vez fue mucho más emocionante. Abrió la puerta y me vio con la cabeza metida entre los muslos de su mujer. Me dio unos golpecitos en la espalda y me dijo: creo que eso no es tuyo. Yo le contesté: tienes razón es tuyo… pero cómo no lo estabas usando no quería que se echara a perder. Me sopló dos hostias y tuve que salir corriendo. Corrí muy rápido, muy rápido, muy rápido…

miércoles, 13 de mayo de 2009

AVISO URGENTE PARA NAVEGANTES

Damián me ha mandado esta información: Animaros a participar y colgarla en vuestras páginas, es un favor entre amigos de bar. Salud!

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IV Concurso de Microrrelatos Paréntesis

Estimado Sr/a.:

Paréntesis convoca el 4º Concurso de Microrrelatos “Paréntesis” con el objetivo de promover y alentar el trabajo de los escritores y escritoras residentes en España y Latinoamérica.

Se establece un premio único de 2000 euros al mejor microrrelato.

Paréntesis publicará el trabajo premiado y una selección de finalistas.

El plazo de presentación vence el 30 de septiembre de 2009.

Las bases pueden consultarse en http://www.tallerparentesis.com/concursos.htm

domingo, 12 de abril de 2009

PERDÓN SI LLEGO TARDE...

Por fin he vuelto. La guerra no ha terminado todavía pero a mí me han mandado a casa. La última batalla no la ganó nadie. Sembramos de cadáveres un descampado y nos dijeron que ya podíamos volver a nuestros hogares. No tengo nido, así que cogí el dinero y me vine a esta ciudad. Sólo quería retirarme de esa cruzada en la que siempre se pierde. Allí estaba muy clara la cosa: se trata de llegar a la noche sin que te maten. Da lo mismo, siempre tienes que estar muy atento. Te puede matar el enemigo o alguno de tus compañeros. A todos los que estábamos allí nos movía el dinero. Algunos lo intentaban camuflar de falso idealismo. Esos eran los peores. No dormíamos. Siempre atento. Ha sido una constante en mi vida. Lo peor era que no había mujeres. No teníamos tiempo ni para pensar en el sexo. Lo importante era la supervivencia (supongo que al adversario le pasaría lo mismo). Bueno, yo si tenía una mujer en la cabeza. Me sentía mal por haberla dejado colgada. Me alisté, me fui y no le he escrito siquiera unas líneas. Supongo que me lo perdonará (soy muy bueno con la lengua). Tampoco tenía tiempo para escribir. Eso si que lo llevaba mal. Muchas ideas, muchos pensamientos, muchos sentimientos y ningún sitio donde reflejarlo. Hay que escribir en el momento para que no pierda fuerza y frescura. Da igual, tampoco soy buen escritor. El mundo no se ha perdido gran cosa. Lo que más me gusta de la guerra es el final. En concreto lo que voy buscando en estos momentos: el descanso del guerrero. Ahora si que quiero mujeres. En realidad lo que persigo es follármelas con furor. Es lo que tengo dentro de mí. Necesito escribir para descansar.

domingo, 22 de febrero de 2009

POR UN TRABAJO DIGNO

La cosa se estaba poniendo mal. Estábamos en tiempos de crisis. Al final me iba a tener que poner a trabajar. Hasta ahora sólo había trabajado por dos motivos: porque no tenía dinero para bebida y por mujeres. El anuncio era pequeño y venía en las últimas páginas del dominical. Cayó en mis manos por casualidad y decidí presentarme el lunes. Al principio pensé que se trataba de una broma o de un programa de cámara oculta. Nos presentamos tres personas. El tío era de lo más siniestro. Muy feo. Tan feo que asustaba. Nos dijo que la tarea era sencilla. Efectivamente era muy fácil. Uno de los candidatos dijo que se mareaba al ver sangre. Fue el primero en salir del despacho. Ya sólo quedábamos dos. Lo siguiente que nos comentó fue la tarifa. Era un precio muy elevado. Eso significaba muchísimo tiempo bebiendo y que las mujeres me mirarían de otra manera. El otro chico parecía el típico niñato con pasta y con mucho tiempo libre (un hijo de papá). No le pareció lo suficientemente interesante. El encargo era mío. Alguna vez tenía que ser la primera. No era por motivos políticos ni nada de eso. Simplemente había que eliminarlo. Yo estaba acostumbrado a luchar y la sangre no me asustaba. El objetivo no tenía familia y, por lo que parecía, tenía más enemigos que amigos. Yo podía elegir los medios. Dije que lo pensaría cuando llegara el momento. Nunca imaginé que la separación entre la vida y la muerte fuera cosa de un instante. Ahora soy un profesional. Un buen profesional. Lo malo es que nunca me ha gustado trabajar en exceso. Aquí sigo con una morena, una rubia y una cerveza. Es lo que hago desde hace unos años.