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miércoles, 15 de julio de 2009

NO QUIERO TRABAJAR DE NUEVE A CINCO

PEIO H. RIAÑO - MADRID - 15/07/2009 08:00

Estaba dispuesto a desaparecer, pero no le dejan. Quince años después de su fallecimiento los archivos infinitos del prolífico escritor norteamericano Charles Bukowski no quieren callar. La duda sobre el suministro de los inéditos que deja caer gota a gota su última mujer y heredera del negociado Chinaski, Linda Lee, no hace más que crecer con la aparición de un nuevo volumen póstumo. Y van cinco desde que el maestro de lo ingrato muriese de leucemia en 1994. Con el extenso poemario La gente parece flores al fin, que lanza esta semana Visor en las librerías españolas, sus últimos poemas sin publicar, llegamos al episodio en retirada del padre de lo que terminaría siendo la realidad más sucia de la literatura.

John Martin, el editor al que Bukowski le fue fiel hasta la muerte por haberle ofrecido a los 45 años de edad dejar su trabajo en el departamento de correos gracias a un sueldo mensual como escritor, es el encargado de husmear entre sus archivos. Martin ha sabido administrar el eco de la voz del escritor para que no se acabe nunca. Los poemas todavía resuenan. Buenos tiempos estos para que vuelva el gran tentador del fracaso.

Es despiadado en la concreción, imperdonable con su pasado

La gente parece flores al fin está compuesto por más de 130 poemas, a los que uno llega con la curiosidad de ver si en sus últimos días fue capaz de mantener la leyenda del gruñón amante de los hipódromos, el boxeo y las borracheras. Si la obsesión por las mujeres puede mantenerle todavía en pie a los 60 y 70 años de edad, si sigue odiando con tanta templanza y tanto pasotismo. Una vez leídos, deja claro que el hígado por el que Bukowski pasaba las cintas de su máquina de escribir Underwood, y untarlas de bilis, está a pleno rendimiento.

Un poco de algodón para hacer la prueba: "Buena suerte, viejo amigo/ no resulta fácil,/ estamos pegados a nuestros cojones, y no hay más,/ estamos cautivos de nuestros cojones,/ y yo debería refrenarme un poco/ cuando se trata de mujeres", escribe en el poema Le miro los cojones al gato. Este fragmento basta para ver la resignación con la que Bukowski empaña sus últimas palabras. Podría entenderse este libro como un testamento literario, en el que incluso llega a aceptar que "el whisky acelera el corazón, pero desde luego no ayuda a la mente".

Testamento sin rima

Con 60 años sigue siendo un solitario que no soporta ni el recuerdo

Sin embargo, sus últimas palabras no son su testamento. Ese lo hizo desde su primer escrito. En novela, cuento o poema, siempre vivió la página como una última oportunidad, como el "último minuto" al que se refiere una y otra vez en estas últimas páginas. "Hay que morir unas cuantas veces antes de poder/ vivir de verdad", suelta más aforístico que nunca, en este expolio final de su archivo. A pesar de repetir los mismos fantasmas que siempre lo acecharon "Las mujeres muertas, los amores intoxicados, los borrachos en su agonía", como apunta su traductor Eduardo Iriarte, en La gente parece flores al fin es consciente, más que nunca, de que le queda el descuento.

El probable último poemario es el testimonio del odio sostenido que mantuvo con vida a Bukowski hasta el último suspiro. Odio sobre todo a la monotonía, arma letal. Odio también a sus vecinos. Alguien que destripa al "hombre que corta el césped ahí enfrente", teme convertirse en lo que más odia: un ser interesado en el béisbol, las películas del oeste y las hojas de la hierba. "¿Eso es todo lo que ves, esas hojas de hierba? ¿Eso es todo lo que oyes, el zumbido del cortacésped?", le pregunta lleno de sarcasmo. Alguien que escribe una loa a un contestador automático es un huraño que no quiere malgastar su tiempo con tonterías, ni con molestias. A los 60 años sigue siendo un solitario empedernido que no soporta ni el recuerdo de las mujeres por las que pasó.

Bukowski no se acaba nunca

«El whisky acelera el corazón / pero desde luego no ayuda a / la mente»

La gente parece flores al fin también desvela que mantuvo un ritmo frenético de escritura hasta el último momento. Apunta que corrige y destruye una y otra vez, incluso, llega a sentirse amenazado por la falta de creatividad cuando a los sesenta y tantos escribe que por primera vez se ha "quedado en blanco". Hay cosas que a ciertas edades uno podría permitirse, como fallar. O hasta arrepentirse, y seguir el ejemplo de Bukowski: "El whisky acelera el corazón/ pero desde luego no ayuda a/ la mente", debería estar borracho para renegar de esta manera del alcohol, impensable en sus primeros libros.

En estos poemas es divertido y triste, mordaz y resignado, es capaz de mantener la leyenda hasta el final. "Es uno de los autores que mejor ha envejecido y mejor va a envejecer", afirma Diego Moreno, editor de Nórdica, quien publicó hace unos meses por primera vez en España Secuelas de una larguísima nota de rechazo, el primer escrito que Bukowski publicó en 1944. "Es un autor que nunca desaparece. Su estilo es tan potente que no pasará jamás. Su estilo está por encima de lo que cuenta, por mucho que les pese a quien han tratado de dilapidarle por los temas que trata", vuelve a la carga Moreno.

"Cualquier momento es bueno para leerle. Pero es cierto que él contó una Norteamérica en plena crisis y hoy hay muchos paralelismos con aquella época. Es un buen momento para recuperarle o para conocerle", dice Vicente Muñoz, encargado de la compilación Resaca (Caballo de Troya), en la que 37 autores españoles actuales homenajearon al autor de Factotum.

Para Muñoz, donde se escucha la verdadera voz de Bukowski es en sus poemas. En ella hay gravedad, "sabiduría de mujeriego y dipsomaniaco". Muchos han visto en sus novelas una mascarada cómica de los asuntos que traía encima y algunos han llegado a escribir sobre él que fue "un mediocre escritor que se puso de moda en nuestro país hace unos cuantos años por su alcohólico y desgreñado pasotismo". Lo cierto es que su gran victoria no fue la resistencia de su escritura, sino haberse librado de un trabajo de nueve a cinco.

Para el poeta Pablo García Casado, el elemento que le gustaría destacar de Bukowski es el ahorro de elementos y detalles superfluos en sus trabajos. "Él es ante todo un realista, no sólo un realista sucio. Viene del realismo norteamericano más clásico. Aunque rompe con la temática, no lo hace con el tratamiento", explica. Sin romper el tiempo, sin fragmentar, sin acercarse a la vanguardia, Bukowski, en una poesía absolutamente narrativa, se asoma a la ventana y encuentra lo único que necesita: su calle, la vida.

Tiene razón García Casado, Chinaski es despiadado en la concreción, imperdonable con su pasado y certero con lo que se le viene encima: "Sólo hay una manera de vivir/ y es solo, / y sólo una manera de morir, y es esa misma".

Tomado de Público.es

http://www.publico.es/culturas/letras/238770/bukowski/quiere/mo/rir

martes, 27 de enero de 2009

SE NOS ESCAPA EL TIEMPO

Ja, ja, ja. Allí estábamos. Cuatro artistas sin futuro. Un escritor de servilletas, una pintora de cristales empañados, una escultora de colores y una fotógrafa de canciones. Menudo panorama. A veces, nos juntábamos con un realizador de cortos de mentiras humanas. En fin, nos reuníamos una vez a la semana para intentar generar una revolución artística. Fumábamos muchísimos porros. Nos hacía ser más creativos (y alguna neurona se desprendía). El alcohol estaba siempre presente. Nuestro movimiento iba a ser totalmente innovador. No se iba a parecer a ningún otro. Aunque en realidad bebía de muchas fuentes. Lo primero que queríamos era ponerle un nombre. Le llamaríamos el “nadismo” (la nada). Bueno, ya estaba el nihilismo, su negación y todo ese rollo. Le llamaríamos el “infrarrealismo” (nada que ver con el surrealismo). ¡Que coño! Dejamos el nombre para después. Ahora venía lo más difícil, ¿en que iba a consistir? ¿Cuáles eran sus principios, sus dogmas, sus líneas maestras…? Pues no lo teníamos muy claro. Íbamos a ser anárquicos (ups, no se podía repetir: el anarquismo ya existía). ¡Ya está! Lo relacionaríamos con algún movimiento político. Eso siempre funciona. ¡Una mierda! O eres artista o eres político pero no se puede mentir en dos campos distintos. En fin, que allí seguíamos fumando, bebiendo y de vez en cuando echando un polvo (yo tenía ventaja, me gustaba ser artista). Con el tiempo nos aburrimos. No éramos artistas de verdad. Necesitábamos comer. Ahora somos un banquero estafador, una prostituta de alto standing, una limpiadora por horas y una enfermera con tendencias suicidas. Menudo panorama. Ya no nos juntamos. Cada uno se fuma los porros en su casa. El realizador está nominado para noséque premio de la academia de nosecuantos. Se nos escapa el tiempo.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

RECORDANDO EL COMBATE

Aquí estoy. Por lo menos estoy. Eso ya es algo. Sentado a la puerta del bar. En la mesa de una terraza. Frente a mi cerveza. Recuerdo las horas de conversación que teníamos. Hablábamos de todo. Sobre todo de sentimientos. No acertábamos a definir ninguno pero nos gustaba charlar de ellos. Cada uno tenía los suyos. Lo importante es que los compartíamos. El amor era el más difícil. Imagínate, ni siquiera Platón lo pudo delimitar. Le sirvió para escribir El Banquete pero no pudo concretarlo. ! Menudo cabrón! Bueno, el caso es que ya se han terminado las horas de tertulia. Parece que la vida se empeña en no juntar a las personas que se quieren de verdad. Les pone la miel en los labios y luego les da la patada en el culo. No importa. Siempre nos ha gustado luchar. La vida nunca nos ha venido como la pedíamos y aquí estamos, disfrutándola al máximo. Ahora ya no te acuerdas de mí pero se te pasará. Seguro que dentro de unos años te vendrán a la cabeza nuestras charlas nocturnas (diurnas en tu caso) y recordarás a ese loco que se quemaba por ti desde la distancia. Nunca nos besamos pero es como si hubiéramos hecho el amor todas las noches (seguro que alguna vez pensaste en mí mientras te tirabas a otro. Si no es así todavía estás a tiempo). Ya sabes como soy. Me gusta ver la vida desde mi ventana. No me gusta la gente (sólo algunas mujeres). Está la gente y estás tú. Algún día escribiré un poema. Por ahora, sólo me atrevo a juntar palabras en una cuartilla amarilla. Esto es para ti. Sólo para ti. No es una despedida. Es una señal secreta a compartir. La vida nos juntará en algún momento y si no ya lo verás. Tu sigue con tu vida. Ya te alcanzaré. Cuando menos te lo esperes estaré a tu lado. La distancia no es problema. Por las noches piensa en mi mirando a la hijaputa de la luna (aunque tengas que subir a la terraza). Es lo único que nos une por ahora. De todos modos, a lo mejor la vida tiene razón. No te hubiera gustado vivir con un viejo cascarrabias como yo. No te podría llevar a bailar (no me gusta la gente), ni ir al cine (no nos gustan las mismas películas), la música que nos va es totalmente diferente. Sólo me habrías utilizado para el sexo (esos rollos de atarme a la cama y follarme hasta la saciedad) y luego, al poco tiempo, en cuanto te hubiera enseñado algunos trucos no tendrías muy claro como deshacerte de mí. Yo seguiría con mis historias de bares, servilletas y polvos fáciles mezcladas con mi biografía. Al final, descubrirías que parte es ficción y cual es realidad. Como todas las parejas acabaríamos quitando libertad al otro. Que paradoja, todos buscamos pareja y luego no nos gusta. Nos da la sensación de que nos privan de parte de nuestra esfera íntima. Bueno, esto es un mensaje en una botella. Léelo y no tires la servilleta. Guárdala. No se me ocurre nada mejor. Soy así de complicado. Aquí estoy. Por lo menos estoy. Eso ya es algo

jueves, 6 de noviembre de 2008

SABOR A LUNA

Anoche la luna me dijo que no te quisiera. No le hice caso a esa vieja zorra. Estaba rodeada de estrellas ensangrentadas. Que sabrá ella lo que es el amor. Lo único que sabe hacer es darle cobijo a borrachos y gente de mala muerte. La noche es mala. O buena. Lo que es seguro es que es oscura. Me recomienda que no te quiera porque ella no puede conquistar a nadie. Es envidiosa. La gente normal vive de día. La luna es mala consejera. Menos mal que, a veces, hay nubes que la tapan y nos dan un respiro. La luna está ciega. Y huele mal. No me gusta como huele la luna. Tampoco me gusta su sabor ¿has probado que sabor tiene? Es asqueroso. No te lo recomiendo. Nunca te dejaré de querer por las noches. A lo mejor durante el día si. Por las noches soñaré contigo. A pesar de lo que diga ella nos encontraremos y nos revolcaremos en la distancia. Que se joda la luna. Y las estrellas. El fin de semana pasearemos bajo su luz para que se retuerza de celos. Y a las estrellas !que les follen! Algo engendraremos para que viva de día. Será más fuerte que todos los astros. Ya pensaremos el nombre. Lo más bonito es engendrarlo. He metido esta servilleta en tu bolsillo para que cuando veas cada noche a la luna desde tu ventana te acuerdes de mi. Es una hijadeputa pero siempre está ahí. Hay que aprender a vivir con ella.

miércoles, 22 de octubre de 2008

EN LAS SEMIFINALES

Ya conocéis mi aversión a las fiestas. No hay manera. No me libro de ellas. Cada quince días me caen una o dos. El caso es que son un buen espacio para pensar. La gente se empeña en hablar con otros, en bailar, en beber y recordárselo a los demás (- !eh mira que borracho/a voy! - ¿Has visto que forma de hacer el gilipollas? - Entre semana también soy así pero sin beber- …). Sin embargo, a mi me sirven para hacer reflexionar a mi oxidado cerebro y es el escenario perfecto para observar al ser humano. Me suelo apostar cerca de la bebida. Es por comodidad y pereza. Al lado de la bebida sabes que no va a faltar espectáculo. Al principio la cosa suele ser muy recatada. Risas ligeras, presentaciones (-este es Fulanito y esta Menganita-, -es un importante abogado, trabaja para el buffet Tal y Pascual-…) y la bebida se consume muy despacio. Cuando han pasado dos horas más o menos la cosa cambia. Las risas son más sonoras y no vienen a cuento, el ritmo de consumo aumenta y ahora es cuando comienzo a etiquetar a la gente. Me interesan las mujeres que vienen a por la copa en períodos de menos de diez minutos. Por norma general, también están aburridas y cuando llevan cinco copas les da lo mismo acostarse con hombres guapos o con viejos feos. Lo que quieren es desquitarse. Ese es el mejor momento. Cuando se acercan y te dicen: - hace un rato que te estoy observando, me llamo… - Lo demás es rutina.

Hace poco me fui con una tía que era poeta. Al principio no me gustaba mucho. Hablaba de autores y de obras. Parecía una puta enciclopedia. No le gustaban las cosas porqué si. Le gustaban porque pertenecían a tal corriente o le recordaban al autor tal o cual. Cada día se metía un par de rayas. Decía que era para ser más creativa. No creo que para ser creativo te debas quemar el cerebro. La vida es suficiente para machacarte las neuronas. Además, cuando se ponía hasta las cejas no escribía ni una mierda. Escribía mejor cuando follábamos. Había ganado un par de premios pero hasta ahora no tenía nada publicado. Mis escritos le parecían un diario de navegación. No tenían nada artístico, según ella. En realidad son eso: un diario. Escribo para no olvidarme y para no olvidar. No necesito convencer a nadie. La prosa no le gusta. A mi tampoco la poesía. El caso es que poco a poco me faltaba el aire. Decidí irme una mañana. Se había venido a vivir a mi piso. Salí temprano. Más o menos sobre las doce de la mañana. El apartamento era alquilado. Me importaba un carajo. Cuanto menos tienes menos miedo a perderlo. Me acordé de mi época mala. Fui a la estación y compré un billete. No quería esperar mucho. El próximo tren salía en un cuarto de hora. Encontré un compartimiento vacío y me metí. Pensaba en el pasado. Es lo único que tengo. El futuro ni lo tengo ni sé si lo tendré. Al cabo de diez minutos vino el cabrón de Morfeo y me quedé listo. Pensar me da sueño. De repente abrieron la puerta. Era una muchachita de unos veinte años. Me contó que se había equivocado. Iba a Salamanca y se confundió de tren. Le dije que yo no iba a ningún sitio, pero que si no le importaba le acompañaría a Salamanca. Hace muchos años que no voy por allí. En concreto unos veinte. Empezamos a hablar. Me dijo que era fotógrafa. Que no se dedicaba profesionalmente a la fotografía pero que a veces le pagaban por sus trabajos. Le gustaba fotografiar para atrapar los momentos. Miraba al pasado y lo fijaba en su cámara. A mi me parecía que se expresaba muy bien, pero ella decía que no comunicaba bien a través de las palabras. Lo hacía mejor a través de las imágenes. El caso es que me gustó mucho. Era sencilla. No era sofisticada. No se me puso a hablar de marcas de cámaras, ni de filtros, ni de películas, ni de tal ni de cual fotógrafo de renombre. Me gustan las mujeres sencillas. No me gustan las simples. Me gustan las sencillas. El viaje se pasó volando. Llegamos a Salamanca. No había cambiado nada. Me refiero a su espíritu. Las ciudades tienen espíritu. Es azul. Si nunca lo has visto es porque no has mirado bien. El de Salamanca es azul cielo o celeste. Hay ciudades a las que el espíritu se les está descoloriendo. Supongo que porque no las cuidan. Oviedo tiene el espíritu entre verde y gris. Es una excepción. Me invitó a su casa. Me dio un poco de miedo. No quería estropear algo que me estaba curando. Lo bueno de las mujeres sencillas es que son puras. No hacen nada con mala intención. Los hombres complicados pensamos mal y hacemos muy pocas cosas. Ni buenas ni malas. Hacemos poco y pensamos mucho. Me enseñó la ciudad. Yo le enseñé a mejorar su técnica para hacer el amor. La experiencia es un grado. La juventud una ventaja. Así pasamos quince días. Un viernes vino y me dijo:-esta noche tenemos una fiesta,.Nos han invitado-. Me puse al lado de las bebidas.

sábado, 4 de octubre de 2008

ASÍ NOS VA II

Reescritura de ASI NOS VA, publicado el 23/11/2007 Nunca he querido seguir la corriente. Nunca he querido ser famoso. Sin embargo, ahora lo soy. No puedo ir tranquilo a tomar una cerveza, ni al cine, ni meterle mano a una tía sin que se enteren dos millones de personas (aproximadamente). Menos mal que desde el anonimato del blog puedo decir lo que quiera. Puedo utilizar palabras como culo, voyeur , coño, polla, follar, amar, bragas, puta, etc. También puedo tratar temas como el sexo, la droga y la vida y la muerte (y todo esto sin que nadie me diga nada.) Lo malo que tiene lo del blog es que no se me reconoce la calidad de mis escritos. No van acompañados de una campaña publicitaria, de una entrega de premios, de una ronda de entrevistas, de la lectura de pregones en fiestas municipales de mi zona… todo ello muy bien orquestado por mi agente. En fin, esto me gusta mucho más. Me recuerda mis inicios. Me recuerda cuando nadie me conocía y podía ir sin preocuparme por los bares, al cine, a dar un paseo (lo de meterle mano a una tía es más fácil ahora y eso hay que reconocerlo) . Eran los tiempos en los que tenía que trabajar de peón para comer. Ahora no trabajo sólo me exhibo. Nunca he querido ser famoso. Es una pena que la vida no venga como nosotros queremos… y la muerte tampoco. Se me acaba el tiempo, no la inspiración.

viernes, 3 de octubre de 2008

LA CUENTA ATRÁS

A mi proveedor le gusta quedar en la puerta del cementerio. Dice que es un sitio tranquilo. No hay policía, no hay gente que moleste y no hay mucha luz. Solemos quedar los viernes que tengo algún evento, o tengo que ir a una presentación o dar alguna charla. Dice que es por cuestión de ética. Señala que nunca vendería a la puerta de un colegio o de una iglesia. Un cementerio es algo aséptico. Estoy de acuerdo. Yo no tengo ética. Hay un sutra budista (creo que es el de la observación) en el que se recomienda a los monjes que pasen un tiempo mirando cómo se descompone un cuerpo para ver la caducidad de la vida. Yo no llego a tanto. Siempre tengo que esperar. Mientras estoy allí me he dado cuenta de que en ese recinto se guardan todos los amores y odios, todas las esperanzas y desilusiones, la riqueza y la pobreza, la belleza y la fealdad. Un compañero de calabozo me dijo que tenía la clave de la vida y la muerte. Había llevado a su perra a sacrificar al veterinario. El animal entró ladrando, le pusieron la inyección, dijo !bluf! y se murió. Tardó menos de un segundo. Ese es el límite entre la vida y la muerte: un !bluf! El cementerio es la sociedad más igualitaria. Al final todos somos iguales. La única diferencia en esta vida es la línea de salida. Cada vez que quiero un gramo me tengo que acercar un poco a la muerte.

jueves, 25 de septiembre de 2008

MADRE NO HAY MÁS QUE UNA

La mesa de la cocina es un buen lugar. La deposité con cuidado. La tumbé y le levanté el vestido hasta las rodillas. Metí mi cabeza dentro. Tapado por la vestimenta la luz era tenue y hacía calorcito. El calentón que llevaba la chica elevaba la temperatura. Habíamos puesto música melódica (de la que no me gusta). Le bajé las bragas y comencé a lamerle los muslos. Primero lo hice muy despacito. Desde las rodillas hasta su coño. Daba una vuelta y subía de nuevo. Hacía mucho calor ahí dentro. Soy capaz de poner el flujo a punto de nieve con el movimiento de mi lengua. Metí la mano desde atrás y por debajo de sus nalgas. Es una buena postura. Con el pulgar empecé a masajearle el ano. El sudor me caía a borbotones por la frente. Me faltaba el aire. Con el dedo índice y el corazón le separé los labios vaginales y con la lengua le rozaba el clítoris. Ya no oía la música. Ella daba saltitos de placer y me estaba destrozando la mano. Aguanté con la intención de que llegara al orgasmo antes que yo. Oí un !clonc! y mi cabeza comenzó a girar. Un dolor punzante me cruzó desde la coronilla hasta la lengua. Peleé por salir de debajo del vestido. Cuando emergí de las profundidades me encontré de frente a su madre blandiendo una sartén de 50 cm de diámetro. Nunca he entendido a las mujeres. La semana pasada le encantó ¿por qué no quería lo mejor para su hija?

martes, 23 de septiembre de 2008

FIESTA GRANDE

Este fin de semana alguien me invitó a una fiesta. Me dijeron que era una reunión de artistas. No tenía ningún plan. Me pareció novedoso. Además, siempre he oído que allí se juntaban artistas con modelos. Fui a ver si pillaba algo. Una borrachera o una tía. Luego me enteré que la invitación era porque pensaban que podía aportar cierto glamour al evento. Una vieja gloria eleva el caché. Decían que manejaba bien las palabras. Que podía hacer historias. Sinceramente pienso que esperaban a un cómico y se encontraron conmigo: un viejo con verborrea. El caso es que allí estaba con mis cigarros, mi copa de vino y mis vaqueros desgastados. El lugar estaba lleno de poetas y de aprendices de modelos. Ninguno había llegado a nada todavía. Premios literarios menores, algún casting para pasarelas de segunda fila, publicaciones en revistas especializadas, posados para catálogos de venta por correo de ropa interior… Las críticas volaban por el aire. Todos se criticaban ("sin ánimo de ofender" apuntillaban). Todos conocían la obra de los demás. No oí un comentario positivo en toda la noche. Ninguno de los poetas había escrito nada nuevo. Todos estaban influenciados por algún autor, por cierta obra, por una corriente… Lo malo es que nadie se atrevía a expresarlo claramente. Lo disfrazaban todo de originalidad. En realidad eran "fusionadores", "mezcladores", "carroñeros" de los trabajos de otros genios anteriores. No podían reconocerlo ni asumirlo. Así que cogí mis servilletas, mis cigarros y me fui a casa con una morena de tetas pequeñas que pensaba que eso de escribir en papelitos era algo original. Ya no voy a más fiestas.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

NO LO SÉ

Eran dos perros muy flacos. Tan flacos que no daban ni sombra. Él era ralo y con las orejas grandes. Ella las tenía pequeñas y un rabito acabado en forma de plumero. Las pulgas los utilizaban de transporte. Ya se sabe: a perro flaco todo son pulgas. No les importaba. Comían lo que la gente les daba. Les gustaba ir a las terrazas de los bares. Se daban buenos festines. En invierno era otro asunto y tenían que cambiar de estrategia. Acudían a la puerta de los colegios. Nunca fallaba. Cuando llovía buscaban cobijo en un portal, o debajo de un banco del parque e incluso debajo de algún coche aparcado (más de un susto se habían llevado). Lo importante era estar juntos. Ya conocían el centro de la ciudad y dos barrios periféricos. De vez en cuando se llevaban una patada de algún niño acomplejado. Eran perros. A veces, se cruzaban con perros acompañados de sus dueños. Los peores eran los que tenían cara de cerdito. Mucho diente y poco cerebro de perro. Esos no aguantarían más de dos días sin sus dueños y en la calle. Eran felices. Se pasaban el tiempo olisqueándose el culo y de aquí para allá. Un día, detrás de un árbol y sin avisar, apareció un agente de la perrera municipal. Trincó a la perrita. Se la llevaron y la enjaularon. Los perros vagabundos no pueden estar sueltos ¿Por qué? Pues que cojones voy a saber. Así son las cosas. ! Que vida tan perra!

¿Qué pasa por Salamanca?

domingo, 7 de septiembre de 2008

RECUPERAR MI VIDA

¿Alguien ha visto mis servilletas? Desde que cumplí los cuarenta decidí poner en marcha mi teoría creativa exponencial. Consiste en que cada vez que voy a un bar cojo cuatro servilletas y en cada una de ellas escribo un relato corto. Me tomo un café por la mañana, una cerveza antes de comer, un café después de almorzar y una cerveza antes de irme a acostar. Mis momentos más productivos son los fines de semana. Me cuesta escribir en los pubs pero me he acostumbrado a la ceguera nocturna. El otro día ocurrió la tragedia. La noche anterior terminé con una tía. Hicimos el amor. A la muy imbécil no se le ocurrió otra cosa que al levantarse abrir la ventana para airear el cuarto. ¿Es que hacía falta airearlo? ¿Qué estaba intentando decir qué huelo mal? ¿Qué tenía que cambiar de aires? ¿Cargar energía y todas esas gilipolleces? El caso es que todas mis servilletas salieron volando. Mi trabajo de los últimos cinco años repartidos por el mundo. !Jodér, yo no quería hacerlo así! Quería que me lo editara mi agente que para eso está buenísima. Juntarlos en un libro, ir a la presentación, hacer lecturas, ventilarme a lectoras a las que les gustara mi escritura. En fin, que el siguiente polvo que le eché no fue lo mismo. Fue rápido y desganado. Os hago un llamamiento para que si encontráis una de mis servilletas por casualidad me la mandéis. Son relatos que la gente interpreta a su manera, le dan una carga de profundidad y reflexión, intentan etiquetar y buscar semejanzas con autores anteriores pero, en definitiva, es mi vida escrita en papelitos y la quiero recuperar. Gracias.

jueves, 8 de noviembre de 2007

EN LA OTRA ESQUINA

Un joven nigeriano captura a un violador y auxilia a la mujer agredida Violación. El suceso se produjo en los alrededores de la calle Mármoles, en la madrugada del sábado. El agresor había actuado pocos minutos antes y había emprendido la huida. El `héroe´ acudió al oír los gritos de la víctima, también de origen extranjero, y retuvo al detenido hasta que llegó la policía INMA ALJARO. MÁLAGA Cuando aún resuenan ecos de las voces que se alzaron contra el joven que observó inmutable la famosa agresión del metro de Barcelona; cuando se siguen escuchando réplicas que defienden dicha pasividad tras conocerse el fallecimiento en Valencia de un universitario que medió en una pelea de pareja, un nuevo suceso, esta vez en Málaga, revela que no todos estamos hechos de la misma pasta. La decisión de actuar, al fin y al cabo, siempre es una cuestión de impulsos. En esta ocasión, la intervención heroica de un joven inmigrante ha permitido el arresto de un hombre que supuestamente había violado minutos antes a una chica en el Centro de la capital malagueña.Fin de semana. Los hechos ocurrieron en la madrugada del pasado día 3, sábado. La víctima, una joven de unos treinta años y origen sudamericano, regresaba a su casa, situada en los alrededores de la calle Mármoles, a eso de las 3 de la mañana, cuando fue asaltada por el ahora detenido. Según la denuncia, el atacante la había estado siguiendo y, una vez en el portal, la introdujo en el edificio. Allí, presumiblemente consumó la agresión sexual violando a la joven, explicaron ayer a La Opinión de Málaga fuentes cercanas a la investigación del caso.En esos momentos pasaba por el lugar un joven nigeriano que, al oír los gritos de la mujer, acudió a socorrerla y pudo ver cómo el supuesto violador escapaba. Tras atender la petición de auxilio de la joven e intentar calmar su lógico estado de nerviosismo, no se lo pensó dos veces y tomó la dirección del agresor, que continuaba su huida. Pocos metros después, consiguió atraparlo y reducirlo.Captura. Como pudo, avisó a la policía con su teléfono móvil mientras retenía al joven y esperó estoicamente hasta que acudieron las primeras patrullas policiales al lugar.El arrestado, identificado como Alejandro M. F., tiene treinta años y es de nacionalidad española. Tras pasar el fin de semana en los calabozos de la Comisaría Provincial, fue puesto el pasado martes a disposición judicial acusado de un supuesto delito contra la libertad sexual. Según confirmaron las mismas fuentes, el detenido carece de antecedentes penales de este tipo.Por su parte, la joven agredida fue examinada por un forense que confirmó la consumación de la agresión sexual y recibió la asistencia médica necesaria. Fuentes del Instituto Andaluz de la Mujer indicaron que en estos casos es recomendable que las víctimas reciban atención psicológica que pueden solicitar, de manera gratuita y anónima en el teléfono 900 200 999, o bien acudiendo a la sede del IAM, situada en el número siete de la calle San Jacinto de la capital. http://www.laopiniondemalaga.es/secciones/noticia.jsp?pRef=3065_2_143403__MALAGA-inmigrante-captura-violador-entrega-policia-pleno-Centro
Odio a mis padres. Heredé toda la ropa de mis primos. Comíamos siete días a la semana. Lo que nunca faltó en mi casa fue un libro. Todos los meses mis padres compraban dos libros. Si ya lo sé: lo primero es darle de comer a un hijo. Pues en mi casa no. Por eso odio a mis padres. Me enseñaron a leer. Leía todo: carteles, prospectos, periódicos y luego cuando me hice mayor comencé a leer libros. La otra noche estaba en casa de una amiga. Nos habíamos fumado unos porros. Le dije que si echábamos un polvo. Me dijo que después de que acabará el programa que estaba viendo. Era una mierda de esas en que cinco idiotas están en una casa y la gente los mira (como hago yo en los bares pero sin tanto despliegue). Vi un libro tirado. Era de Boris Vian: Que se mueran los feos. Lo cogí para releérmelo y la tía me dijo que si estaba loco, que si había ido allí para leer, que si me creía mejor que ella, que si pensaba que su casa era una biblioteca y todos esos rollos. Resulta que el libro era de su hermana. Me dijo que de follar nada de nada. Por eso odio a mis padres, por enseñarme a leer y hacerme diferente a los demás. Ya me han jodido más de un polvo. Cabreado y fumado me fui al baño y pasé por el cuarto de su hermana. Se oía ruido y...
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