Era una extraña pareja. Él era alto y ella bajita. Venían de sitios distintos pero se encontraron en el camino. Había dejado una vida detrás y ella estaba estrenando la suya. Él era flaquito y ella no tanto. A ella le gustaba bailar en circulitos y a él mirar desde la barra. Él siempre de negro y ella de colores. Vivían de noche y morían de día. La gente del barrio los quería porque siempre se reían. Él sólo hablaba con los vagabundos y ella con todo el mundo, incluidos los artistas. Utilizaban el mismo idioma pero de manera diferente. Él amaba el frío y ella el ardiente sol. Él era un gruñón y ella más. Parecía que no tenían nada en común y estuvieron una vida entera juntos. Estaban pegados por una fuerza invisible que los hacía irresistibles a los ojos de los demás. Rodeados de gente y aislados en su propio mundo. Ese era el misterio. Nadie podía llevar una vida tan plena como ellos. Eran la envidia del pueblo. Un día alguien decidió poner fin a aquello. Se escapaba de la norma. No se puede vivir sin sufrir. Esa noche, cuando él paseaba como siempre por los callejones oscuros después de cenar, una lluvia de acero nacarado cayó sobre su costado. La navaja le entró hasta la empuñadura. Su corazón se paró. Era de día cuando ella también murió. Tampoco se puede vivir sufriendo sin alguien a quien amar. Eran como el ying y el yang. Eran el equilibrio. Eran una extraña pareja.
3 comentarios:
¿Así, sin más?
Cosas que pasan siempre, todo el tiempo.
Si, sin más. También hay otras que pasan y que son difíciles de entender.
A ver si puedo asomarme a la ventana.
Besitos.
Él era un gruñón y ella más..
eheheheh...
magnifico!
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