miércoles, 15 de julio de 2009

NO QUIERO TRABAJAR DE NUEVE A CINCO

PEIO H. RIAÑO - MADRID - 15/07/2009 08:00

Estaba dispuesto a desaparecer, pero no le dejan. Quince años después de su fallecimiento los archivos infinitos del prolífico escritor norteamericano Charles Bukowski no quieren callar. La duda sobre el suministro de los inéditos que deja caer gota a gota su última mujer y heredera del negociado Chinaski, Linda Lee, no hace más que crecer con la aparición de un nuevo volumen póstumo. Y van cinco desde que el maestro de lo ingrato muriese de leucemia en 1994. Con el extenso poemario La gente parece flores al fin, que lanza esta semana Visor en las librerías españolas, sus últimos poemas sin publicar, llegamos al episodio en retirada del padre de lo que terminaría siendo la realidad más sucia de la literatura.

John Martin, el editor al que Bukowski le fue fiel hasta la muerte por haberle ofrecido a los 45 años de edad dejar su trabajo en el departamento de correos gracias a un sueldo mensual como escritor, es el encargado de husmear entre sus archivos. Martin ha sabido administrar el eco de la voz del escritor para que no se acabe nunca. Los poemas todavía resuenan. Buenos tiempos estos para que vuelva el gran tentador del fracaso.

Es despiadado en la concreción, imperdonable con su pasado

La gente parece flores al fin está compuesto por más de 130 poemas, a los que uno llega con la curiosidad de ver si en sus últimos días fue capaz de mantener la leyenda del gruñón amante de los hipódromos, el boxeo y las borracheras. Si la obsesión por las mujeres puede mantenerle todavía en pie a los 60 y 70 años de edad, si sigue odiando con tanta templanza y tanto pasotismo. Una vez leídos, deja claro que el hígado por el que Bukowski pasaba las cintas de su máquina de escribir Underwood, y untarlas de bilis, está a pleno rendimiento.

Un poco de algodón para hacer la prueba: "Buena suerte, viejo amigo/ no resulta fácil,/ estamos pegados a nuestros cojones, y no hay más,/ estamos cautivos de nuestros cojones,/ y yo debería refrenarme un poco/ cuando se trata de mujeres", escribe en el poema Le miro los cojones al gato. Este fragmento basta para ver la resignación con la que Bukowski empaña sus últimas palabras. Podría entenderse este libro como un testamento literario, en el que incluso llega a aceptar que "el whisky acelera el corazón, pero desde luego no ayuda a la mente".

Testamento sin rima

Con 60 años sigue siendo un solitario que no soporta ni el recuerdo

Sin embargo, sus últimas palabras no son su testamento. Ese lo hizo desde su primer escrito. En novela, cuento o poema, siempre vivió la página como una última oportunidad, como el "último minuto" al que se refiere una y otra vez en estas últimas páginas. "Hay que morir unas cuantas veces antes de poder/ vivir de verdad", suelta más aforístico que nunca, en este expolio final de su archivo. A pesar de repetir los mismos fantasmas que siempre lo acecharon "Las mujeres muertas, los amores intoxicados, los borrachos en su agonía", como apunta su traductor Eduardo Iriarte, en La gente parece flores al fin es consciente, más que nunca, de que le queda el descuento.

El probable último poemario es el testimonio del odio sostenido que mantuvo con vida a Bukowski hasta el último suspiro. Odio sobre todo a la monotonía, arma letal. Odio también a sus vecinos. Alguien que destripa al "hombre que corta el césped ahí enfrente", teme convertirse en lo que más odia: un ser interesado en el béisbol, las películas del oeste y las hojas de la hierba. "¿Eso es todo lo que ves, esas hojas de hierba? ¿Eso es todo lo que oyes, el zumbido del cortacésped?", le pregunta lleno de sarcasmo. Alguien que escribe una loa a un contestador automático es un huraño que no quiere malgastar su tiempo con tonterías, ni con molestias. A los 60 años sigue siendo un solitario empedernido que no soporta ni el recuerdo de las mujeres por las que pasó.

Bukowski no se acaba nunca

«El whisky acelera el corazón / pero desde luego no ayuda a / la mente»

La gente parece flores al fin también desvela que mantuvo un ritmo frenético de escritura hasta el último momento. Apunta que corrige y destruye una y otra vez, incluso, llega a sentirse amenazado por la falta de creatividad cuando a los sesenta y tantos escribe que por primera vez se ha "quedado en blanco". Hay cosas que a ciertas edades uno podría permitirse, como fallar. O hasta arrepentirse, y seguir el ejemplo de Bukowski: "El whisky acelera el corazón/ pero desde luego no ayuda a/ la mente", debería estar borracho para renegar de esta manera del alcohol, impensable en sus primeros libros.

En estos poemas es divertido y triste, mordaz y resignado, es capaz de mantener la leyenda hasta el final. "Es uno de los autores que mejor ha envejecido y mejor va a envejecer", afirma Diego Moreno, editor de Nórdica, quien publicó hace unos meses por primera vez en España Secuelas de una larguísima nota de rechazo, el primer escrito que Bukowski publicó en 1944. "Es un autor que nunca desaparece. Su estilo es tan potente que no pasará jamás. Su estilo está por encima de lo que cuenta, por mucho que les pese a quien han tratado de dilapidarle por los temas que trata", vuelve a la carga Moreno.

"Cualquier momento es bueno para leerle. Pero es cierto que él contó una Norteamérica en plena crisis y hoy hay muchos paralelismos con aquella época. Es un buen momento para recuperarle o para conocerle", dice Vicente Muñoz, encargado de la compilación Resaca (Caballo de Troya), en la que 37 autores españoles actuales homenajearon al autor de Factotum.

Para Muñoz, donde se escucha la verdadera voz de Bukowski es en sus poemas. En ella hay gravedad, "sabiduría de mujeriego y dipsomaniaco". Muchos han visto en sus novelas una mascarada cómica de los asuntos que traía encima y algunos han llegado a escribir sobre él que fue "un mediocre escritor que se puso de moda en nuestro país hace unos cuantos años por su alcohólico y desgreñado pasotismo". Lo cierto es que su gran victoria no fue la resistencia de su escritura, sino haberse librado de un trabajo de nueve a cinco.

Para el poeta Pablo García Casado, el elemento que le gustaría destacar de Bukowski es el ahorro de elementos y detalles superfluos en sus trabajos. "Él es ante todo un realista, no sólo un realista sucio. Viene del realismo norteamericano más clásico. Aunque rompe con la temática, no lo hace con el tratamiento", explica. Sin romper el tiempo, sin fragmentar, sin acercarse a la vanguardia, Bukowski, en una poesía absolutamente narrativa, se asoma a la ventana y encuentra lo único que necesita: su calle, la vida.

Tiene razón García Casado, Chinaski es despiadado en la concreción, imperdonable con su pasado y certero con lo que se le viene encima: "Sólo hay una manera de vivir/ y es solo, / y sólo una manera de morir, y es esa misma".

Tomado de Público.es

http://www.publico.es/culturas/letras/238770/bukowski/quiere/mo/rir

martes, 30 de junio de 2009

LA VUELTA AL MUNDO

Ya era hora. Por fin se acabó el crucero. Después de tres meses tenía ganas de pisar tierra firme y tomarme una cerveza fresca en un bar del puerto. Ya lo dice el refrán: la cabra tira al monte. A mí, eso de estar encerrado en un barco durante tanto tiempo no es que me apasione pero si no hay trabajo hay que aceptar cualquier cosa. Así he pasado mis noventa días de condena. Me dieron un trabajo en la lavandería de un barco y al principio no me pareció mal. Me hacía gracia tanto lujo y tanta gente rica junta. Mi venganza contra el sistema consistía en masturbarme y mezclar el semen con el suavizante. Nunca he sido muy original en mis batallas. Por las noches me juntaba con una argentina que trabajaba de camarera de piso. Era escritora. De las de verdad. Dice que el escribir no da para comer. Yo digo que si comes mucho no escribes bien. El último mes lo pasamos follando como leones. Supongo que sería por el aburrimiento. He tenido mucho tiempo para pensar. No tenía nadie con quien discutir. Desde pequeño siempre quise más. Mucho más. Quería más dinero, un buen trabajo, tener mucha gente a mi alrededor, más amor, más sexo, más cervezas, más mujeres, más jovencitas, más maduritas… Al sentarme en el taburete del bar me di cuenta de que siempre que quieres más al final todos conseguimos lo mismo: NADA. Nunca llevéis la ropa a la tintorería.

jueves, 21 de mayo de 2009

ECHAR UNO RÁPIDO ...

No tenía tiempo para mucho más. No había sitio para la ternura, ni para los arrumacos y mucho menos para el amor. Los dos estábamos de acuerdo. Teníamos que hacerlo deprisa. Me gusta no complicarme la vida. Me la complico pero nunca es por mi culpa. Le subí la falda, me bajé los pantalones y comenzamos la faena. Todo terminó en unos minutos. Fue maravilloso. Reinó la sinceridad. Ninguno de los esperábamos nada del otro. Sólo buscábamos el placer mezclado con la velocidad. Nada de adornos. En realidad es lo que todo el mundo piensa y nadie se atreve a decir. Así hemos estado los últimos meses. Cómo os contaba, al final, todo se complica. Poquito a poco se fue enamorando. Está claro que no se enamoró de mí. Era la situación. El placer prohibido. El misterio. La enajenación mental transitoria y todas esas cosas. El caso es que todo terminó una mañana que nos pilló su marido echando uno rapidito. Esa vez fue mucho más emocionante. Abrió la puerta y me vio con la cabeza metida entre los muslos de su mujer. Me dio unos golpecitos en la espalda y me dijo: creo que eso no es tuyo. Yo le contesté: tienes razón es tuyo… pero cómo no lo estabas usando no quería que se echara a perder. Me sopló dos hostias y tuve que salir corriendo. Corrí muy rápido, muy rápido, muy rápido…

miércoles, 13 de mayo de 2009

AVISO URGENTE PARA NAVEGANTES

Damián me ha mandado esta información: Animaros a participar y colgarla en vuestras páginas, es un favor entre amigos de bar. Salud!

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IV Concurso de Microrrelatos Paréntesis

Estimado Sr/a.:

Paréntesis convoca el 4º Concurso de Microrrelatos “Paréntesis” con el objetivo de promover y alentar el trabajo de los escritores y escritoras residentes en España y Latinoamérica.

Se establece un premio único de 2000 euros al mejor microrrelato.

Paréntesis publicará el trabajo premiado y una selección de finalistas.

El plazo de presentación vence el 30 de septiembre de 2009.

Las bases pueden consultarse en http://www.tallerparentesis.com/concursos.htm

domingo, 12 de abril de 2009

PERDÓN SI LLEGO TARDE...

Por fin he vuelto. La guerra no ha terminado todavía pero a mí me han mandado a casa. La última batalla no la ganó nadie. Sembramos de cadáveres un descampado y nos dijeron que ya podíamos volver a nuestros hogares. No tengo nido, así que cogí el dinero y me vine a esta ciudad. Sólo quería retirarme de esa cruzada en la que siempre se pierde. Allí estaba muy clara la cosa: se trata de llegar a la noche sin que te maten. Da lo mismo, siempre tienes que estar muy atento. Te puede matar el enemigo o alguno de tus compañeros. A todos los que estábamos allí nos movía el dinero. Algunos lo intentaban camuflar de falso idealismo. Esos eran los peores. No dormíamos. Siempre atento. Ha sido una constante en mi vida. Lo peor era que no había mujeres. No teníamos tiempo ni para pensar en el sexo. Lo importante era la supervivencia (supongo que al adversario le pasaría lo mismo). Bueno, yo si tenía una mujer en la cabeza. Me sentía mal por haberla dejado colgada. Me alisté, me fui y no le he escrito siquiera unas líneas. Supongo que me lo perdonará (soy muy bueno con la lengua). Tampoco tenía tiempo para escribir. Eso si que lo llevaba mal. Muchas ideas, muchos pensamientos, muchos sentimientos y ningún sitio donde reflejarlo. Hay que escribir en el momento para que no pierda fuerza y frescura. Da igual, tampoco soy buen escritor. El mundo no se ha perdido gran cosa. Lo que más me gusta de la guerra es el final. En concreto lo que voy buscando en estos momentos: el descanso del guerrero. Ahora si que quiero mujeres. En realidad lo que persigo es follármelas con furor. Es lo que tengo dentro de mí. Necesito escribir para descansar.

domingo, 22 de febrero de 2009

POR UN TRABAJO DIGNO

La cosa se estaba poniendo mal. Estábamos en tiempos de crisis. Al final me iba a tener que poner a trabajar. Hasta ahora sólo había trabajado por dos motivos: porque no tenía dinero para bebida y por mujeres. El anuncio era pequeño y venía en las últimas páginas del dominical. Cayó en mis manos por casualidad y decidí presentarme el lunes. Al principio pensé que se trataba de una broma o de un programa de cámara oculta. Nos presentamos tres personas. El tío era de lo más siniestro. Muy feo. Tan feo que asustaba. Nos dijo que la tarea era sencilla. Efectivamente era muy fácil. Uno de los candidatos dijo que se mareaba al ver sangre. Fue el primero en salir del despacho. Ya sólo quedábamos dos. Lo siguiente que nos comentó fue la tarifa. Era un precio muy elevado. Eso significaba muchísimo tiempo bebiendo y que las mujeres me mirarían de otra manera. El otro chico parecía el típico niñato con pasta y con mucho tiempo libre (un hijo de papá). No le pareció lo suficientemente interesante. El encargo era mío. Alguna vez tenía que ser la primera. No era por motivos políticos ni nada de eso. Simplemente había que eliminarlo. Yo estaba acostumbrado a luchar y la sangre no me asustaba. El objetivo no tenía familia y, por lo que parecía, tenía más enemigos que amigos. Yo podía elegir los medios. Dije que lo pensaría cuando llegara el momento. Nunca imaginé que la separación entre la vida y la muerte fuera cosa de un instante. Ahora soy un profesional. Un buen profesional. Lo malo es que nunca me ha gustado trabajar en exceso. Aquí sigo con una morena, una rubia y una cerveza. Es lo que hago desde hace unos años.

jueves, 5 de febrero de 2009

CAZANDO SIRENITAS

Me gusta el mar. Nací en el centro pero me gusta el mar. Tal vez, porque siempre nos gusta lo que no tenemos. Pasa lo mismo que con el amor. Estábamos en la playa después de haber bebido. Ahora los tripis les estaban haciendo efecto. Se los comían dragones, les atacaban estrellas de mar gigantes y no sé que ostias más. A mí los tripis no me afectan mucho. A lo mejor es porque mi tolerancia al alcohol inhibe el efecto de las drogas. Me habían invitado a la fiesta porque consideraban que un viejo famosillo hacía subir el caché del evento. El caso es que allí estaba yo con mi antiguo sueño. Siempre me gustó atrapar sirenas. Desde pequeño me hice la promesa de pescar una. En realidad no tengo claro por qué me fascinan pero es así. Me quedo muy quieto en la orilla. Tumbado. Los mejores amaneceres son aquellos en los que el mar está en calma. Al no haber olas salen poquito a poco (sólo asoman el flequillo) y miran a la arena (nosotros miramos al mar y ellas miran a la arena). Si te quedas inmóvil más de tres minutos se creen que no hay nadie. Ya había localizado a cinco. Luego se suelen acercar hasta que les queda el torso al descubierto y la cola dentro del agua. En ese momento te tienes que ir arrastrando y meterte poco a poco en el mar. Una vez dentro no puedes dar brazadas. Tienes que ir andando por el fondo hasta llegar a su altura. No las mires. Hazte el distraído. Rodéalas. Luego te acercas por detrás y ¡zas! ya las puedes enganchar. Mi problema es que cuando las tengo no sé que hacer con ellas. Me pasa lo mismo que con el amor. De todas maneras estos gilipollas me las han espantado con sus grititos huyendo de los dragones y de las estrellitas gigantes.

martes, 27 de enero de 2009

SE NOS ESCAPA EL TIEMPO

Ja, ja, ja. Allí estábamos. Cuatro artistas sin futuro. Un escritor de servilletas, una pintora de cristales empañados, una escultora de colores y una fotógrafa de canciones. Menudo panorama. A veces, nos juntábamos con un realizador de cortos de mentiras humanas. En fin, nos reuníamos una vez a la semana para intentar generar una revolución artística. Fumábamos muchísimos porros. Nos hacía ser más creativos (y alguna neurona se desprendía). El alcohol estaba siempre presente. Nuestro movimiento iba a ser totalmente innovador. No se iba a parecer a ningún otro. Aunque en realidad bebía de muchas fuentes. Lo primero que queríamos era ponerle un nombre. Le llamaríamos el “nadismo” (la nada). Bueno, ya estaba el nihilismo, su negación y todo ese rollo. Le llamaríamos el “infrarrealismo” (nada que ver con el surrealismo). ¡Que coño! Dejamos el nombre para después. Ahora venía lo más difícil, ¿en que iba a consistir? ¿Cuáles eran sus principios, sus dogmas, sus líneas maestras…? Pues no lo teníamos muy claro. Íbamos a ser anárquicos (ups, no se podía repetir: el anarquismo ya existía). ¡Ya está! Lo relacionaríamos con algún movimiento político. Eso siempre funciona. ¡Una mierda! O eres artista o eres político pero no se puede mentir en dos campos distintos. En fin, que allí seguíamos fumando, bebiendo y de vez en cuando echando un polvo (yo tenía ventaja, me gustaba ser artista). Con el tiempo nos aburrimos. No éramos artistas de verdad. Necesitábamos comer. Ahora somos un banquero estafador, una prostituta de alto standing, una limpiadora por horas y una enfermera con tendencias suicidas. Menudo panorama. Ya no nos juntamos. Cada uno se fuma los porros en su casa. El realizador está nominado para noséque premio de la academia de nosecuantos. Se nos escapa el tiempo.

jueves, 22 de enero de 2009

CRISIS DE IDENTIDAD

En estos días he releído a Kerouac, Burroughs y Ginsberg. Menuda panda de cabrones. Son autores que han reflejado muy bien mi vida. Me gustan por eso. Han fotografiado muy bien mi historia. Esos viajes por el mundo de la droga, esa caída del pedestal, esa filosofía sobre los ideales y la realidad. En fin, ahora estoy buscando autores que expresen igual de bien mi estado vital actual. Bueno, en realidad estoy buscando mujeres nuevas. Se me está acabando la batería. He perdido mi fuerza interior. Tampoco me apetece pelear ni cambiar de lugar con tanta frecuencia. Tal vez sea porque ya no me tengo que buscar la vida como antes. Creo que la solución está en cambiar de mujeres. Hace años cambié el whiskie por la cerveza. Me emborracho igual. Por eso creo que si cambio de chicas, en el fondo, todo seguirá igual pero las consecuencias serán más llevaderas. Lo ideal sería que fueran jóvenes. Las que son de mi edad ya las conozco. Crecimos juntos. Pensábamos que nos íbamos a comer el mundo. Ahora están igual de jodidas que yo. Las jovencitas tienen que ser mejor. Seguro. Siempre tienen ganas de follar porque no saben que en realidad es como el respirar. Cuando aguantas la respiración, cuentas hasta 30 y consigues recuperar el aliento se convierte en algo divertido. Es un juego. No es peligroso. Respiras cuando quieres. Sin embargo, habitualmente respiramos sin apreciarlo. No estamos 24 horas pendientes de nuestra respiración. Pues lo mismo pasa con el sexo. Reflexionad sobre ello. Las jovencitas lo ven como un juego y lo disfrutan, es algo divertido. A mi ya me está comenzando a preocupar el dejar de respirar. Bueno, mientras espero a alguna jovenzuela seguiré releyendo mis libros amarillentos. Ah, si sabéis de alguna le podéis dar mi dirección.

lunes, 12 de enero de 2009

PAN PARA HOY Y HAMBRE PARA MAÑANA

No me gusta la política. No soy de izquierdas ni de derechas. Cuando era joven era de izquierdas y cuando te haces mayor dicen que piensas como los de derechas. No quiero ser de derechas. No me gusta seguir ningún –ismo. No me acerco a ninguno. Soy un egoísta. Me preocupo de lo mío. Ya pasó el tiempo de buscar banderas y de luchar por los demás. El mundo está jodido. No tiene remedio. Lo estamos jodiendo entre todos. Da lo mismo en el lado que estés, siempre estarás jodiendo a alguien inocente en el otro lado. Esos son los míos: los inocentes. Los niños, las mujeres, los tullidos, los desgraciados, los pobres, los ignorantes…. A lo mejor lucharía por ellos. No tienen culpa y no pueden defenderse. Además, no se pueden organizar. No hay nadie que haya inventado ningún partido ni ideología para ellos. Sólo hay una cosa que une a los desfavorecidos en este mundo: el hambre. De eso si que entiendo. Une mucho pero no ayuda. Te deja sin fuerzas para pelear. Tienes que sacar tu resistencia interior y no siempre sirve para sobrevivir. Ahora tengo de todo. Nunca me olvido de los que no tienen para comer. Es mi única ideología: comer y luchar. Así que no pienses que formas parte de un movimiento de lo más revolucionario. Ya está todo inventado. Hasta el hambre. Déjate de política y echa una mano a los que no tienen fuerza. ¿Qué tal tu fiestecita de nochevieja? ¿Te han traído muchos regalos esta navidad? ¿Es tiempo de amor y esperanza?

Salud!

jueves, 8 de enero de 2009

MUJERES, MUJERES, MUJERES

Nunca lo hubiera imaginado. Es la más bonita de todas. Es la que siempre sabe cómo hay que disfrutar. Es la única que me aguanta. Lo aguantaba todo: mis prolongadas ausencias, mis borracheras, mis malas resacas y mi charlatanería. Lo que no soportaba era que me hablaran otras mujeres. Eso no le había preocupado hasta ahora. Creo que no se había parado nunca a mirar a mi alrededor y por eso no se había dado cuenta de que hay mujeres que me hablan. Es lo malo que tiene ir siempre al lado de alguien que va subido en una nebulosa. Haces cosas y no sabes que las haces. Me figuro que tal vez se deba a que es la única tía a la que le he dedicado más de cinco minutos en profundidad. Ella sabe lo que pienso y por qué lo pienso. Eso la convierte en una parte de mí. Cuando no tengo las cosas claras le consulto para ver que decisión tomar o como enfocar un asunto. Todo ocurrió el día en el que le dije a la rubia que me encantaban sus esculturas. Eran esculturas de mujeres desnudas. Mi debilidad son las mujeres. Para mí sólo hay algo mejor que las chicas: las mujeres desnudas. Estuvimos en su estudio durante un par de horas. Todo fueron risas, copas y divagaciones sobre tal o cual movimiento artístico. Nos lo pasamos bien. Nos despedimos de la rubia. En cuanto salimos al rellano me dijo: - Cariño. Yo le dije: - Si...y de pronto vi como cinco uñas afiladas me rajaban la cara igual que cinco bisturís. No era muy guapo pero mi cara había estado conmigo desde que nací. La apreciaba. Era lo primero que veía por las mañanas. Fuimos a urgencias. Me tocó una enfermera con algún tipo de adicción. Ahora mi rostro parece un cuadro picasiano y las chicas no me suelen hablar mucho (ni vestidas ni desnudas). A ella se le ve mucho más feliz.